• 25/02 - TALLER DE MANCHAS

    De 14 A 18 hs. Centro Integrador Comunitario Sanguinetti (Corrientes y Luther King, barrio Sanguinetti) Sábado recreativo con el Taller de Manchas y Carnaval.

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ARQUEOLOGÍA


Definición y relaciones con otras ciencias

La Arqueología es la ciencia que reconstruye el pasado del hombre a través del estudio e interpretación de sus restos de cultura material y de todo otro resto o evidencia de la acción humana. Ese pasado puede ser desde remoto hasta muy reciente, como veremos más adelante.

Esta definición incluye tres palabras:”cultura”, “hombre” y “pasado”, que nos sirven de base para analizar las relaciones de la Arqueología con otras ciencias.

La ciencia que estudia al hombre, tanto a nivel físico como cultural, es la Antropología. Dado que abarca un campo tan amplio se la divide en tres ramas principales:


• Antropología Física o Biológica: estudia las características físicas o biológicas del hombre y su evolución.


• Antropología Cultural o Social: estudia las culturas y las sociedades actuales.


• Arqueología
Cada una de estas ramas se subdivide, a su vez, en diversas especialidades.

Sin embargo, ese estudio del “pasado del hombre” hace que la Arqueología también se asemeje a la Historia. La diferencia reside en que la Historia hace ese estudio mediante el análisis de documentos escritos. La Arqueología, en cambio, al no interpretar documentos, puede dedicarse a investigar grupos humanos que no conocieron la escritura, por lo que tradicionalmente se la relacionó con la Prehistoria y se la llegó a considerar una “ciencia auxiliar” de la Historia.

Pero en la actualidad la Arqueología no se ocupa, solamente, de las culturas lejanas en el tiempo. Por ejemplo, la Arqueología de Tiempos Históricos, con sus distintas orientaciones (Arqueología Industrial, Arqueología de Ferrocarriles, etc.) estudia sociedades recientes; y los restos materiales que interpreta la llamada Arqueología de la Basura se originaron, podríamos decir, ayer.

Esto hace que sea complicado definir la posición de la Arqueología respecto de las demás ciencias. Además, no debemos olvidar que la Arqueología, a pesar de ser una ciencia social, está en estrecha relación con algunas ciencias exactas y naturales, como por ejemplo la Geología, la Física, la Química, la Zoología y la Botánica.

Por ese motivo, hoy en día hay dos tendencias principales: una es seguir considerando a la Arqueología como una rama de la Antropología, la otra es verla como una ciencia independiente, aunque sin negar sus vínculos con la Antropología y la Historia.

Arqueología y Paleontología  

Antes de pasar al siguiente tema es necesario hacer una aclaración: la Arqueología no es Paleontología. Esta última ciencia estudia los restos fósiles y las huellas de toda forma de vida extinta, mientras que la Arqueología, como ya hemos dicho, se dedica solamente al fenómeno humano. Pese a que en algún momento ambas ciencias pueden coincidir en un mismo sitio (por ejemplo, puede encontrarse fauna extinta junto con objetos hechos por el hombre , ambas ciencias son absolutamente independientes. Por lo tanto, un arqueólogo no estudia dinosaurios, por dos razones:

1. al ser un animal extinto, el dinosaurio es objeto de estudio de la Paleontología.

2. al haberse extinguido muchos millones de años antes de la aparición del hombre en la Tierra, nunca vamos a encontrar un dinosaurio asociado con materiales culturales.

Sin embargo, por definición, la Paleontología puede incluir el estudio de los ancestros del hombre moderno, como de hecho sucede en algunos países. Nuestra postura es que ese tipo de investigación debe ser realizada por un antropólogo.

Debemos aclarar que las divisiones e incumbencias de la Antropología presentadas aquí son las que se practican en nuestro país y en casi toda Latinoamérica. Pero en Europa las ramas de la Antropología son distintas y esa diversidad obedece a sus diferentes tradiciones académicas.

La investigación arqueológica  
La tarea del arqueólogo se divide en dos etapas muy distintas pero igualmente importantes: la investigación de campo y la de laboratorio. Podemos decir que ambas se retroalimentan y que no pueden existir de manera independiente.

Toda investigación científica tiene su punto de partida en las hipótesis (afirmaciones que implican diversos grados de suposición) que derivan de las preguntas que el arqueólogo se hace al analizar materiales o al leer informes de investigaciones previas. Durante el trabajo de campo, el investigador estudia el sitio que sirve como fuente de evidencias que se utilizarán para contrastar esas hipótesis con la realidad. Como consecuencia, las hipótesis originales pueden continuar guiando al arqueólogo en la búsqueda de nuevos datos durante un largo período, pero también pueden ser modificadas o incluso descartadas rápidamente por la evidencia que proporcionan los hallazgos. Esto nos demuestra que la imagen cinematográfica del aventurero que parte en busca de ciudades perdidas sin tener una idea previa no es un fiel reflejo de la actividad que realiza un científico en la vida real. Aunque es cierto que, a menudo, los sitios superan las expectativas de cualquier arqueólogo y, en esos casos, es necesario revisar teorías y adaptar metodologías.

En el sitio arqueológico el investigador obtiene vestigios de cultura material, dibuja planos con la ubicación a escala de esos materiales, toma medidas, fotografías, muestras de suelo, etc. Lleva un diario de campo donde anota todo lo que sucede durante el trabajo, jornada a jornada, ya que tanto los hallazgos como la ausencia de los mismos se convierten en datos imprescindibles a la hora de reconstruir el pasado de una sociedad.

Toda esta información constituye el registro arqueológico, el cual debe ser muy detallado porque una vez que el arqueólogo interviene en un sitio lo modifica de tal manera que es imposible que retorne a su estado inicial. Por lo tanto, la información que no se registra se pierde para siempre. Para evitar esta pérdida de datos es fundamental que el trabajo de campo sea llevado a cabo por un equipo profesional, multidisciplinario y bien entrenado.

La información que encierra el registro arqueológico permite que el arqueólogo no sólo estudie los vestigios de cultura material sino que reconstruya las acciones humanas y naturales que dieron forma al sitio a lo largo del tiempo. Cualquier elemento o información faltante puede alterar la interpretación que el arqueólogo realice a partir de los datos conocidos. De aquí la importancia de preservar y proteger los sitios, no sólo mediante leyes, sino creando conciencia en la población.

Sin embargo, pese a todo lo que hemos dicho acerca de la importancia del trabajo de campo, la investigación llevada a cabo posteriormente en el laboratorio es de igual trascendencia. El análisis de los datos obtenidos en el campo es un trabajo que implica una gran inversión de tiempo, paciencia y dedicación; y es la única manera de desentrañar la información que esos datos contienen.

¿Qué es un sitio arqueológico?  
Según una definición comúnmente aceptada, un sitio arqueológico es un lugar donde pueden hallarse huellas significativas de la acción humana (Renfrew y Bahn, 1993). Pero surge la pregunta: ¿para quién son “significativas” esas huellas? Pues...¡para el arqueólogo!. Así presentado, esto parece sólo un juego de palabras, pero no lo es. Veamos.

El arqueólogo es quien determina si un sitio es arqueológico o no, y si es conveniente excavarlo o simplemente registrarlo (ubicarlo en un mapa, fotografiarlo, dibujar un plano del sitio). En este último caso, también depende del arqueólogo decidir si se hace una recolección de los materiales culturales que pueden aparecer en la superficie. Todas estas determinaciones obedecen al marco teórico y a las hipótesis con las que trabaja el investigador. Para decirlo de manera sencilla, depende de “qué clase de Arqueología hace”.

Como se explicó en el primer apartado (Definiciones y relaciones con otras ciencias), la Arqueología nació como el estudio de un pasado remoto, pero en la actualidad está tan diversificada que es difícil enumerar todas sus especialidades. Cada una de estas ramas de la Arqueología se va a interesar por un tipo de sitio distinto, por eso decimos que el arqueólogo es quien define el sitio.


Debemos dejar de pensar que todos los sitios arqueológicos están alejados de las ciudades modernas, que están ocultos, olvidados, enterrados, que son muy antiguos.

Hay muchos sitios que responden a estas características, pero no todos son así.

Hay sitios que nunca “se perdieron” (por ejemplo, las pirámides de Egipto, la ciudad de Teotihuacan en México, el Coliseo romano, los megalitos de Stonehenge en Inglaterra), algunos se encuentran en abrigos rocosos o en cuevas (Inca Cueva, Cueva de las Manos, en Argentina; Altamira, en España), otros se hallan en las altas cumbres (sitios ceremoniales incas en los Andes), hay sitios sumergidos (restos de naufragios) y hay sitios enterrados debajo de ciudades actuales ( en Buenos Aires, y en nuestra propia ciudad de Moreno, también). Entre los que acabamos de nombrar, encontramos sitios muy antiguos ( las pinturas rupestres de Altamira tienen fechados de alrededor de 27.000 años de antigüedad) mientras que otros son bastante recientes (en octubre de 2002 excavamos un sitio en Moreno que roza los 100 años).

Ver el apartado “Excavación en Quinta La Margarita”).
La variedad de sitios es muy grande, se pueden clasificar por su antigüedad, su función, su duración, etc. Cada uno de ellos, como ya hemos aclarado, es estudiado por una rama particular de la Arqueología. Por ejemplo:

• Arqueología Prehistórica: estudia las culturas más antiguas, que no tuvieron escritura. Se divide en distintas especialidades: cazadores recolectores, culturas agroalfareras, etc.


• Arqueología de Tiempos Históricos: estudia las sociedades que tienen documentos escritos. Sus especialidades son: urbana, rural, industrial, etc.


• Arqueología Subacuática: investiga los restos de naufragios y los sitios que pueden haber quedado sumergidos por diversas causas (inundación, aumento del nivel del mar, etc.)


• Arqueología de Alta Montaña: se interesa en los sitios ceremoniales ubicados en las altas cumbres.


• Arqueología de Rescate: actúa rápidamente en sitios que corren peligro de ser destruidos.


• Etnoarqueología: establece las relaciones entre el comportamiento humano y los restos de cultura material, mediante la observación de grupos actuales.
Éstas son tan sólo algunas de las diversas ramas de la Arqueología actual, y todas ellas se practican en nuestro país. Es necesario reconocer que en ciertos casos los límites entre las especializaciones son elásticos y se producen combinaciones. Por ejemplo, un naufragio puede ser estudiado por la Arqueología Subacuática y por la Arqueología de Tiempos Históricos. Por ese motivo, los equipos arqueológicos suelen contar con especialistas de distintas áreas.

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