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ARQUEOLOGÍA
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¿Cómo se realiza el trabajo de campo?
| Generalmente,
las novelas y las películas muestran a los arqueólogos
excavando un sitio en busca de extraños tesoros:
objetos preciosos, únicos en el mundo, que incluso
esconden poderes mágicos. Nada más alejado
de la verdad.
Los arqueólogos son científicos que planifican
detalladamente sus salidas al campo y , una vez allí,
se dedican a buscar todas las evidencias dejadas por
los seres humanos que habitaron la región.
Estas evidencias suelen ser objetos que formaron parte
de la vida cotidiana, y rara vez se conservan enteros.
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Por ejemplo, a los arqueólogos que trabajan
en sitios prehistóricos les interesa estudiar
los fragmentos de cerámica, los restos de rocas
que quedan luego de tallar instrumentos, los huesos
de animales que sirvieron de alimento, el polen que
guarda la tierra ( el cual les ayuda a identificar
las plantas que crecían en el pasado), etc,
etc. Por supuesto que podemos encontrar vasijas completas,
esculturas, joyas y momias, pero ése no es
nuestro único objetivo, como se cree.
Usualmente, en un sitio arqueológico
puede haber:
• Objetos portátiles realizados o modificados
por el hombre. Ej: puntas de flechas, vasijas.
• Restos orgánicos y medioambientales.
Ej: huesos, polen.
• Estructuras no portátiles. Ej: cimientos
de viviendas, fogones.
Los sitios que estudia la
Arqueología de Tiempos Históricos presentan
evidencias de mayor complejidad, como por ejemplo
cañerías, varios pisos y contrapisos
superpuestos, aljibes, escombros usados como relleno,
etc. Además, en estos sitios se encuentra mayor
variedad de objetos: restos de vajilla, de indumentaria,
juguetes, y todo lo que podemos imaginar en una sociedad
industrial.
Por lo general se piensa que
los arqueólogos encontramos estos materiales
mediante la excavación de grandes superficies
de terreno. Esto fue así en las primeras investigaciones
arqueológicas, pero ahora se tiende a preservar
los sitios intactos y sólo se trabaja en aquellos
sitios en los que, por las hipótesis que se
manejan, las excavaciones son indispensables.
En realidad, el trabajo de campo comienza en el laboratorio.
Se analizan las fotografías aéreas de
la zona que nos interesa, los mapas topográficos,
las publicaciones de otros investigadores que hayan
trabajado allí en el pasado, los relatos de
viajeros, la toponimia. Recién entonces se
establecen los pasos a seguir.
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Las modernas teorías
arqueológicas sostienen la conveniencia de los
estudios regionales, a partir de los cuales se pueden
apreciar las dinámicas de los grupos locales
y sus estrategias de supervivencia. Para alcanzar estos
niveles de análisis, los arqueólogos debemos
ir más allá del estudio exhaustivo de
un único sitio, tal como se estilaba. En la actualidad
sabemos que es necesario hacer prospecciones regionales,
durante las cuales se localizan los sitios, se los ubica
en los mapas, se los dibuja, se recogen materiales superficiales
y, a lo sumo,
se pueden realizar algunos sondeos(pequeñas excavaciones,
desde 0,30 m por 0,30 m hasta 1,00 m por 1,00 m, aproximadamente).
Cuando el arqueólogo decide excavar un sitio
lo divide en cuadrículas (comúnmente las
medidas pueden ser: 1 m por 1 m, 1 m por 2 m, o 2 m
por 2 m), y luego elige algunas de ellas para excavar.
La elección puede ser al azar o, por el contrario,
debido a la presencia de ciertos rasgos en particular
(por ejemplo, porque hay cimientos, o por el material
de superficie). La excavación puede hacerse por
niveles naturales (respetando el espesor de cada capa
de sedimento encontrada) o por niveles artificiales
(se elige de antemano el espesor que tendrá cada
nivel, por ejemplo, 10 cm). Se toman fotografías
y se realizan dibujos de cada nivel, y se marcan en
esos planos los objetos encontrados que se consideran
relevantes para la investigación. En esos dibujos
se especifica la profundidad en la que se realizó
el hallazgo y la distancia de ese objeto a las paredes
de la cuadrícula. Esto se debe a que los arqueólogos
trabajamos siempre en dos planos: vertical (ubica a
los objetos en el tiempo) y horizontal ( los ubica en
el espacio). Ese procedimiento nos permite relacionar
todos los objetos, estructuras y vestigios naturales
y, de esa manera, podemos reconstruir una cultura. Por
ese motivo nos interesa proteger la integridad de los
sitios, dado que los objetos fuera de contexto no se
pueden interpretar. Finalmente, los objetos recuperados
se guardan en bolsas rotuladas donde figuran los datos
nombrados.
Estos materiales, junto con toda la información
registrada, se llevan al laboratorio donde son estudiados
y, a medida que se avanza en la investigación,
se publican los resultados. Pero aquí no termina
nuestro trabajo, ya que las preguntas que surgen a partir
de estos análisis ponen en marcha nuevos procesos
de investigación. No olvidemos que los científicos
somos como niños: nuestra curiosidad es ilimitada.
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| Bibliografía
Si
tu curiosidad también es ilimitada, te sugerimos
que leas estos libros:
BAHN,
P. y C. RENFREW. Arqueología. Teoría,
métodos y práctica. Madrid, Akal. 1998.
CARANDINI,
A. Historias en la tierra. Manual de excavación
arqueológica. Barcelona, Crítica. 1997.
FERNÁNDEZ
MARTÍNEZ, V. Teoría y método de
la Arqueología. Madrid, Síntesis. 1998.
HESTER,
T., R. HEIZER y J. GRAHAM. Métodos de campo en
Arqueología. México, Fondo de Cultura
Económica. 1988.
HOLE,
F. y R. HEIZER. Introducción a la Arqueología
Prehistórica. México, Fondo de Cultura
Económica. 1977.
WHEELER,
M. Arqueología de campo. México, Fondo
de Cultura Económica. 1961.
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