• 25/02 - TALLER DE MANCHAS

    De 14 A 18 hs. Centro Integrador Comunitario Sanguinetti (Corrientes y Luther King, barrio Sanguinetti) Sábado recreativo con el Taller de Manchas y Carnaval.

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ARQUEOLOGÍA


¿Cómo se realiza el trabajo de campo?

Generalmente, las novelas y las películas muestran a los arqueólogos excavando un sitio en busca de extraños tesoros: objetos preciosos, únicos en el mundo, que incluso esconden poderes mágicos. Nada más alejado de la verdad.

Los arqueólogos son científicos que planifican detalladamente sus salidas al campo y , una vez allí, se dedican a buscar todas las evidencias dejadas por los seres humanos que habitaron la región.

Estas evidencias suelen ser objetos que formaron parte de la vida cotidiana, y rara vez se conservan enteros.


Por ejemplo, a los arqueólogos que trabajan en sitios prehistóricos les interesa estudiar los fragmentos de cerámica, los restos de rocas que quedan luego de tallar instrumentos, los huesos de animales que sirvieron de alimento, el polen que guarda la tierra ( el cual les ayuda a identificar las plantas que crecían en el pasado), etc, etc. Por supuesto que podemos encontrar vasijas completas, esculturas, joyas y momias, pero ése no es nuestro único objetivo, como se cree.

Usualmente, en un sitio arqueológico puede haber:

• Objetos portátiles realizados o modificados por el hombre. Ej: puntas de flechas, vasijas.

• Restos orgánicos y medioambientales. Ej: huesos, polen.

• Estructuras no portátiles. Ej: cimientos de viviendas, fogones.

Los sitios que estudia la Arqueología de Tiempos Históricos presentan evidencias de mayor complejidad, como por ejemplo cañerías, varios pisos y contrapisos superpuestos, aljibes, escombros usados como relleno, etc. Además, en estos sitios se encuentra mayor variedad de objetos: restos de vajilla, de indumentaria, juguetes, y todo lo que podemos imaginar en una sociedad industrial.

Por lo general se piensa que los arqueólogos encontramos estos materiales mediante la excavación de grandes superficies de terreno. Esto fue así en las primeras investigaciones arqueológicas, pero ahora se tiende a preservar los sitios intactos y sólo se trabaja en aquellos sitios en los que, por las hipótesis que se manejan, las excavaciones son indispensables.

En realidad, el trabajo de campo comienza en el laboratorio. Se analizan las fotografías aéreas de la zona que nos interesa, los mapas topográficos, las publicaciones de otros investigadores que hayan trabajado allí en el pasado, los relatos de viajeros, la toponimia. Recién entonces se establecen los pasos a seguir.





Las modernas teorías arqueológicas sostienen la conveniencia de los estudios regionales, a partir de los cuales se pueden apreciar las dinámicas de los grupos locales y sus estrategias de supervivencia. Para alcanzar estos niveles de análisis, los arqueólogos debemos ir más allá del estudio exhaustivo de un único sitio, tal como se estilaba. En la actualidad sabemos que es necesario hacer prospecciones regionales, durante las cuales se localizan los sitios, se los ubica en los mapas, se los dibuja, se recogen materiales superficiales y, a lo sumo, se pueden realizar algunos sondeos(pequeñas excavaciones, desde 0,30 m por 0,30 m hasta 1,00 m por 1,00 m, aproximadamente).



Cuando el arqueólogo decide excavar un sitio lo divide en cuadrículas (comúnmente las medidas pueden ser: 1 m por 1 m, 1 m por 2 m, o 2 m por 2 m), y luego elige algunas de ellas para excavar. La elección puede ser al azar o, por el contrario, debido a la presencia de ciertos rasgos en particular (por ejemplo, porque hay cimientos, o por el material de superficie). La excavación puede hacerse por niveles naturales (respetando el espesor de cada capa de sedimento encontrada) o por niveles artificiales (se elige de antemano el espesor que tendrá cada nivel, por ejemplo, 10 cm). Se toman fotografías y se realizan dibujos de cada nivel, y se marcan en esos planos los objetos encontrados que se consideran relevantes para la investigación. En esos dibujos se especifica la profundidad en la que se realizó el hallazgo y la distancia de ese objeto a las paredes de la cuadrícula. Esto se debe a que los arqueólogos trabajamos siempre en dos planos: vertical (ubica a los objetos en el tiempo) y horizontal ( los ubica en el espacio). Ese procedimiento nos permite relacionar todos los objetos, estructuras y vestigios naturales y, de esa manera, podemos reconstruir una cultura. Por ese motivo nos interesa proteger la integridad de los sitios, dado que los objetos fuera de contexto no se pueden interpretar. Finalmente, los objetos recuperados se guardan en bolsas rotuladas donde figuran los datos nombrados.

Estos materiales, junto con toda la información registrada, se llevan al laboratorio donde son estudiados y, a medida que se avanza en la investigación, se publican los resultados. Pero aquí no termina nuestro trabajo, ya que las preguntas que surgen a partir de estos análisis ponen en marcha nuevos procesos de investigación. No olvidemos que los científicos somos como niños: nuestra curiosidad es ilimitada.

Bibliografía

Si tu curiosidad también es ilimitada, te sugerimos que leas estos libros:

BAHN, P. y C. RENFREW. Arqueología. Teoría, métodos y práctica. Madrid, Akal. 1998.

CARANDINI, A. Historias en la tierra. Manual de excavación arqueológica. Barcelona, Crítica. 1997.

FERNÁNDEZ MARTÍNEZ, V. Teoría y método de la Arqueología. Madrid, Síntesis. 1998.

HESTER, T., R. HEIZER y J. GRAHAM. Métodos de campo en Arqueología. México, Fondo de Cultura Económica. 1988.

HOLE, F. y R. HEIZER. Introducción a la Arqueología Prehistórica. México, Fondo de Cultura Económica. 1977.

WHEELER, M. Arqueología de campo. México, Fondo de Cultura Económica. 1961.


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