| El
suelo tiene propiedades físicas y químicas
que producen acción ecológica, sobre todo
en los seres que están más estrechamente
ligados a él. Dependen de estos factores especialmente
las plantas que arraigan en el suelo.
Las
principales características del suelo que pueden
influir en la vida de los organismos son:
Estructura:
(inclinación - profundidad - granulometría).
Su composición química y las de las sustancias
que circulan por el suelo (gases como el aire y otros,
el agua, sustancias minerales y materias orgánicas).
Inclinación:
Algunos organismos prefieren suelos planos, o por el
contrario inclinados, influyendo esto además
en la circulación del agua.
Profundidad:
Tiene gran importancia para los vegetales. Los árboles
de gran desarrollo radicular no pueden vivir en un suelo
poco profundo.
Granulometría:
Es característica importante tanto para los vegetales
como para los animales cavadores el grosor de sus elementos
que provienen de la fragmentación cada vez más
avanzada de la roca madre, que forma el sustrato.
Las
condiciones del suelo dependen en gran medida de los
factores climáticos de la superficie, pero se
deben señalar algunos aspectos importantes que
lo caracterizan desde el punto de vista ecológico.
La
oscuridad se hace presente a poco de profundizar el
suelo, ofreciendo refugio a las especies que escapan
a la luz. Ejemplos de organismos que viven bajo el suelo
son:
La
culebra ciega (Typhlops sp.), varias especies de lombrices,
arácnidos, insectos, crustáceos, etc.
Por
otra parte, cuando se profundiza en el suelo, la temperatura
es más estable.
También
con la profundización, la proporción de
oxígeno baja, aumentando la cantidad de dióxido
de carbono, existiendo preferencias por estas condiciones,
por parte de algunas bacterias y lombrices. |
La
fauna del suelo es muy sensible a los cambios de humedad
y no puede soportar una sequedad demasiado fuerte, por
ejemplo: las lombrices, que así mismo se ahogan
si el suelo se satura de agua, lo mismo que muchas larvas
de insectos como la Isoca (escarabajo).
El
balance de agua, está directamente relacionado
con la vegetación existente en la región.
Para la estimación del mismo se tiene en cuenta
las precipitaciones, la evapotranspiración, el
escurrimiento superficial y profundo (estos dos últimos
representan el exceso de agua) y la capacidad del suelo
de conservar agua.
En
Moreno, los suelos se saturan de humedad a partir del
mes de Abril, y en el mes de Noviembre como consecuencia
de la evapotranspiración, comienza a disminuir.
Durante
el mes de Febrero, que es el mes más seco del
año en todo el territorio provincial, estas condiciones
de saturación están ausentes, para insinuarse
nuevamente en el mes de Marzo.
Las
mediciones del almacenaje de agua en el suelo, a un
metro de profundidad en Moreno, expresan que en los
meses de Agosto y Septiembre, el suelo se encuentra
saturado con exceso de agua de hasta 25 mm.
En
los meses de Julio, Octubre y Noviembre se encuentran
saturados con poco o sin exceso de agua. En Diciembre
la humedad del suelo se encuentra entre el 100% y el
75% de su capacidad, para reducirse aún más
en Enero el 75% y 50%, igual que en Marzo y, finalmente
en el mes de Febrero, el mes más seco, la humedad
del suelo se encuentra entre un 25% y 50% de su capacidad.
Las
sustancias minerales presentes en el suelo resultan
imprescindibles para la nutrición de las plantas.
Circulan sobre todo en el suelo bajo forma de iones
disueltos en agua. Es posible hallar unos cuarenta elementos
químicos. Algunos iones son perjudiciales para
las plantas, otros por el contrario les son indispensables.
La
acidez o alcalinidad pueden variar. Los suelos calcáreos
y los salados tienen un pH alcalino, del orden de 8
a 9, en otros casos como en las turberas, el pH es muy
ácido y puede descender hasta 4. |
| En
nuestra zona, los suelos corresponden en su mayor parte
a los de praderas o brunizem y los que ocupan menor
superficie son los aluviales o de zonas deprimidas y
anegadizas. Intercalados entre estos se encuentran los
transicionales o integrados.
Los
suelos de pradera desarrollados a partir de materiales
loésicos y limos pampianos son profundos, bien
evolucionados. La cubierta vegetal constituye en general
una pradera de pastos tiernos. El suelo tiene un horizonte
superficial o capa arable, rico en materia orgánica
de color oscuro, ácido, franco con buena estructura
y de hasta 35 centímetros de espesor. |
Luego
de una capa de transición, aparece un subsuelo
potente, denso, pardo oscuro, limo-arcilloso con estructura
o bloques que se prolonga más allá de
1,20 metros, débilmente alcalino.
Estos
suelos se adaptan especialmente a cultivos que se conforman
con poca profundidad de suelo útil, como cereales,
oleaginosas y forrajeras, ya que el subsuelo (sobre
todo cuando se compone de sedimentos correspondientes
al Pampeano Inferior) ofrece algún obstáculo
para la penetración de las raíces. La
escasez de fosfatos hace necesario, en determinadas
circunstancias, recurrir a la fertilización.
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