| Desde
los primeros años de la Conquista, los europeos
se encontraron con numerosos restos de osamentas fósiles
en los terrenos sedimentarios durante sus exploraciones
en América. Obviamente, la mayoría de
ellos, influenciados por las creencias e ignorancia
de la época no supieron interpretar el verdadero
significado de los restos que se le presentaban a cada
paso.
Es
muy probable que el primer encuentro con fósiles
en las tierras del Río de la Plata lo constituya,
en la época de la segunda fundación de
Buenos Aires, la observación de las barrancas
de nuestro río. La imposición del nombre
"Riachuelo de las Conchas" al actual Río
de la Reconquista, se decidió dada la notable
"multitud de conchas que realmente se crían
a sus orillas" (diario de Aguirre). Pensamos que
atribuir esa observación a la almeja de agua
dulce del género Diplodon que vive en todos los
cursos de agua de la región, es un error.
Lo que la gente de Garay observó en realidad,
fueron las acumulaciones de diversos moluscos fósiles
de origen marino, depositados durante antiguas ingresiones
marinas.
La almeja de agua dulce (Diplodon sp.) se desarrolla
enclavada en el limo del fondo de los cursos de agua
y lagunas de toda la cuenca del Plata, lo cual hace
poco frecuente su visualización. No imaginamos
que pudiera existir diferencia tan notable comparando
la presencia de estos organismos del actual Reconquista
con los de otros cursos de agua del noreste de Buenos
Aires como el Río Luján, Matanza, etc.
en que se reproducen igualmente.
Creemos entonces que las conchas a que hace referencia
Garay son de origen marino, especialmente notables en
la desembocadura de algunos ríos.
Según
Florentino Ameghino, estos bancos, fueron muy explotados
durante el siglo pasado y utilizados en la construcción
de edificios. En Moreno, según lo afirmó
el mismo autor, estos depósitos se extendían
hasta las cercanías de puente de Márquez,
y tenemos pruebas de que las "conchillas"
fueron utilizadas en la mezcla de mortero para las construcciones
(revoques de la casa de Alcorta y otros) y como revestimiento
de los senderos de la plaza principal de este pueblo.
Una observación que realizamos, nos ha permitido
observar varias capas, cubiertas hoy por el humus y
otros materiales posteriormente utilizados para construcción
de los senderos, que superan en algunos puntos los treinta
centímetros de espesor.

La
primera noticia concreta de hallazgos de restos de grandes
vertebrados fósiles en el Plata y en particular
del gliptodonte, la debemos al Jesuita Tomás
Falkner, quien descubrió su caparazón
en 1760 a orillas del Carcarañá.
Pero
el hallazgo más importante de aquellos años
se debe al dominico fray Manuel De Torres, criollo,
que en su población natal de la Villa de Luján
descubrió en 1787 un Megaterio.
Desenterradas
las piezas óseas, reconstruyó el esqueleto
y lo hizo dibujar. A pedido del Virrey Loreto las piezas
embaladas y acompañadas de un cuaderno con su
descripción, fueron remitidas a Madrid, donde
Cuvier se ocupó de ellas.
Las
previsiones y trabajos del Padre Torres fueron sorprendentemente
adecuados desde el punto de vista científico
para la época, al recabar todos los datos posibles
en ese yacimiento, así como en el manejo y transporte
de los huesos que hoy aún son exhibidos en perfecto
estado en el Museo de Historia Natural de Madrid.
En
Noviembre de 1797, se produjo otro hallazgo de Megaterio
en la Isla Martín García por parte del
cura del entonces partido de Las Víboras.
De
la actividad del Dr. Francisco Javier Muñiz (1795-1871),
surgirán los primeros estudios científicos
argentinos en estas ciencias. Este sabio patriota, que
combatió en la Defensa de Bs. Aires, en 1807,
cuando solamente contaba con 12 años, siendo
herido en una pierna, estudió en el Instituto
Médico Militar, recibiendo su diploma de médico
en 1821 y es nombrado médico segundo en la Guarnición
de Patagones. En 1825 se lo designa médico cirujano
en el Cantón de Chascomús. De la laguna
de aquella localidad y en los ríos cercanos,
extrae y arma los restos de un Gliptodonte y descubre
por primera vez el Dasypus giganteus.
En
1828 contrae enlace y se instala en Luján, como
médico de policía y posteriormente se
le designa como cirujano del Regimiento 2º de Caballería
con asiento en esa Villa, a la cual pertenecían
las tierras del actual Partido de Moreno. Allí
residió veinte años y realizó la
mayor parte de sus investigaciones paleontológicas.
Desde 1830 a 1840, vive en una casa contigua al Cabildo,
que aún se conserva y aloja al Complejo Museográfico
"Enrique Udaondo".
En
1833 comienza su relación con Charles Darwin,
quien visita la Villa el 28 de Septiembre, y de quien
Muñiz se constituirá en corresponsal.
También
se destacó Muñiz en sus trabajos como
etnógrafo, geólogo y médico. Entre
sus escritos, publicados por la Gaceta Mercantil, destacamos
el dedicado al Tigre Fósil (Smilodon bonaerensis
Muñiz) en 1845, su principal hallazgo, que realiza
en las actuales tierras del Partido de Moreno. Además
halla el primer "oso fósil" (Arctodus)
y el Lestodon, piezas que se hallan depositadas en Europa.
En
Junio de 1841, Muñiz envía numerosos restos
fósiles ordenados en once cajones al Gobernador
de la provincia de Buenos Aires, Don Juan Manuel de
Rosas, con una nota en la que expresaba su satisfacción
de presentarle la rica colección que había
formado durante largos años de excavaciones en
Luján: "Me asiste la satisfacción
de presentar a V. E. todos los fósiles que poseía,
y hasta las reliquias de tres especies últimamente
encontradas.
Muchas
partes de una misma especie van duplicadas, y aún
triplicadas; con el objeto de que comparadas, se pueda
averiguar lo que era el animal en las diferentes épocas
de su vida.
Nada
me queda, Exmo. Sr., de cuanto pude reunir en mi penosa
y constante tarea. Este fue, empero mi propósito
desde que intenté cavar la tierra con mis manos,
en la esperanza de que ella correspondiera a mis afanes
con algún descubrimiento digno de la aceptación
de V. E."
Don
Juan Manuel de Rosas responde a la generosidad de Muñiz,
obsequiando la primera gran colección de fósiles
formada y estudiada por un argentino, en tierras argentinas,
al almirante Dupotet de la marina francesa durante las
gestiones del conflictivo bloqueo anglo-francés,
quien la envió a museos de Francia e Inglaterra.
Darwin
expresa su particular aprecio por el sabio argentino
en una carta escrita el 26 de Febrero de 1847, uno de
cuyos párrafos dice lo siguiente: "No puedo
adecuadamente expresar cuanto admiro el continuado celo
de Ud., colocado, como está, sin los medios de
proseguir sus estudios científicos y sin que
nadie simpatice con Ud., en los progresos de la Historia
Natural".
Es
también Muñiz, quien ensaya los primeros
estudios de la naturaleza, de valor "ecológico",
figurados en sus Apuntes Topográficos, escrito
en 1847, en que relaciona los factores físicos
con los seres vivos.
En
el prólogo de obra "Vida y Escritos del
coronel Francisco J. Muñiz", enviado al
editor Don Félix Lajouane con fecha 20 de enero
de 1886, Florentino Ameghino reconoce: "...y los
recuerdos de sus hallazgos, vueltos populares en Luján,
no contribuyeron poco a que me lanzara tras él
a las mismas investigaciones." Y más adelante
agrega": Mis descripciones demostrando que los
mamíferos extinguidos quedaron sepultados en
el barro de antigüas lagunas parecen copiadas de
Muñiz. Es que ambos, aunque con 40 años
de intervalo, hemos escrito sobre el terreno, con el
cuerpo del delito a la vista, que da siempre una idea
distinta de la que se hace el sabio que todo lo estudia
desde el bufete"."Esto demuestra que Muñiz,
como observador exacto y de penetración, pudo
ser rival de Darwin, y como hombre de ciencia tuvo los
conocimientos que se podían adquirir en el país
entonces, y aún más. Sólo dedicaba
a la ciencia las horas que substraía a las necesidades
de la lucha por la vida, contrariado por el medio en
que vivía, que no lo comprendía".
El
24 de Octubre de 1990, fue aprobada la Ordenanza Municipal
Nº 2736 mediante la cual se creó en Moreno,
el Parque Ecológico y Museo de Historia Natural
"Francisco Javier Muñiz" museo de sitio
paleontológico, y al imponerle su nombre hemos
revalorizando a este personaje de gran trascendencia
en la historia nacional y local, al que debemos recordar
y homenajear permanentemente. |
Luego
de Muñiz, las actividades en investigación
geopaleontológicas en esta zona, estuvieron
protagonizadas por los hermanos Juan, Florentino y
Carlos Ameghino.

Especialmente
Florentino Ameghino (1854-1911), alcanzará
la mayor celebridad en estas ciencias. Este gran sabio
nos ha dejado en sus obras (179 títulos) varios
testimonios de su actividad en las tierras del actual
Partido de Moreno, donde formó parte de su
colección.
Transcribo
un párrafo de la pág. 153 de su obra "La
Antigüedad del Hombre en el Plata", publicada
en 1880, donde dice: "A partir de esa época
(1877), hemos recogido tres esqueletos completos de
grandes mamíferos extinguidos. Uno, perteneciente
al Scelidotherium leptocephalum, lo encontramos a orillas
del Río De Las Conchas.
Otra
cita de Pág. 149: "En el Río De las
Conchas, particularmente cerca de Moreno, también
existen yacimientos fosilíferos de importancia,
de los que hemos recogido esqueletos casi enteros".
Otras personas, especialmente dentro del presente siglo,
han desarrollado y desarrollan investigaciones en la
región.
El
más importante es sin dudas el Dr. José
F. Bonaparte, quien actualmente se desempeña
en el Museo Argentino de Ciencias Naturales "Bernardino
Rivadavia".
Se
inició en Mercedes (B), en el Museo "Carlos
Ameghino", donde actualmente realiza una valiosa
actividad investigativa el Sr. Jorge Petrocelli.
También
ha sido muy importante la actividad del investigador
Sr. José Antonio Mignone, ya desaparecido, quien
reunió una colección de aproximadamente
cinco mil piezas, y es quien más trabajó
para recuperar la casa de Ameghino y fundó en
Luján el Centro de Investigaciones Geológicas,
Paleontológicas y Antropológicas "Francisco
Javier Muñiz" ya desaparecido.
En
el vecino partido de Merlo existió así
mismo, una pequeña colección de fósiles
formada por el extinto, Sr. Segura, que perteneció
al Museo Municipal. En 1998 se reinició allí
un movimiento de inquietudes paleontológicas
que esperamos ver prosperar y con el que pensamos seguir
colaborando.
Entre los más destacados investigadores de la
región colocamos al mastozoólogo, Sr.
Elio Massoia, quien actualmente se desempeña
en el Museo "B. Rivadavia" y que en la localidad
de San Miguel fundó la Asociación para
la Protección de la Naturaleza (APRONA) que publicó
periódicamente una revista.
En Moreno, desde el año 1984, hemos formado una
interesante colección, exhibida al público
desde entonces allí hasta 1999 en el Museo Alcorta.
El crecimiento de esta colección, la atracción
que ejercen los fósiles y la necesidad de dotar
de espacio para asegurar el desarrollo de esta actividad
nos llevó a elaborar y presentar un proyecto
el 14 de agosto de 1986, ante el Gobierno Municipal
con el fin de crear el Museo de Ciencias Naturales con
Reserva de Fauna y Flora en el área de la Presa
Roggero, (aquel proyecto lo pensamos ubicándolo
contra el terraplén, del lado de Moreno, apenas
una hectárea). Esta presentación fue acompañada
con el aval de las firmas de 2000 vecinos, siendo este
proyecto publicado en el periódico Participar
Cooperativamente del mes de diciembre de ese año.
Pero no sería tan fácil. Hubo que esperar
hasta el 24 de octubre de 1989, en que fue creado por
Ordenanza el Parque Ecológico y Museo de Historia
Natural "Francisco Javier Muñiz", en
la zona de las cavas del perilago, en funcionamiento
desde el día 21 de Mayo de 1999 fecha en la que
fue inaugurado después de trece años de
incertidumbre, que de algún modo nos permitieron
madurar el proyecto y concretarlo gracias a la decisión
política del Intendente Mariano West, desde un
proyecto del Programa de Empleo "Barrios Bonaerenses"con
la colaboración de la Soc. Española de
Socorros Mutuos.
Casi no existen museos importantes en el mundo que no
exhiban osamentas fósiles procedentes especialmente
de la llanura pampeana. El único intento por
establecer normativas para limitar esta clase de "exportación"
en el siglo pasado lo realizó el sabio Germán
Burmeister, sin éxito. Es en el presente siglo
que se establece una legislación tendiente a
proteger los yacimientos y el material paleontológico.
Se
trata de la Ley 9.080 del 26 de Febrero de 1913, reglamentada
por medio de un decreto el 29 de Diciembre de 1921.
La misma establece que los yacimientos son propiedad
de la Nación y solamente pueden ser explotados
con propósitos científicos.
Se
prohíbe expresamente su aprovechamiento con fines
comerciales y la explotación indiscriminada de
material paleontológico. Posteriormente, desde
1951, muchas provincias y municipios sancionaron disposiciones
legales de protección originándose situaciones
conflictivas entre la aplicación de la norma
nacional y las provinciales y municipales, problema
este que aún no se encuentra resuelto y no debiera
resultar insalvable ya que todas las normas persiguen
el mismo objetivo. La Ley provincial 10.418/86 contempla
a este patrimonio pero es muy general y aún no
ha sido reglamentada.
Todo
parece señalar la necesidad de unificar las normativas
nacionales y provinciales que contemplen las actuales
ordenanzas municipales.
No
existe un control eficiente para la protección
del patrimonio paleontológico y arqueológico
en nuestro país. Las colecciones particulares
abundan aunque se encuentren en una situación
irregular, y muchas veces hasta se exponen públicamente
sin que el Estado parezca advertirlo. Ocurren casos
curiosos como cuando, en algunos museos, se incorporan
objetos paleontológicos y arqueológicos
en carácter de donación de particulares,
siendo que la legislación establece su pertenencia
a la Nación.
También
se murmura desde hace décadas que existe un mercado
de venta de material arqueológico y paleontológico
en nuestro país y hacia el exterior.
Muchos
paleontólogos se hacen cómplices al tomar
conocimiento de estos hechos y no denunciarlos. Además
es necesario reglamentar los convenios que las instituciones
nacionales establezcan con las extranjeras ya que puede
ocurrir que los beneficios obtenidos en el intercambio
vayan en detrimento del patrimonio nacional.
Para
posibilitar la protección del patrimonio paleontológico
y arqueológico argentino debemos entender que
el mismo constituye un bien común y no un objeto
exclusivo de una minoría iluminada.
Su significado cultural y valor educativo a nivel masivo
no ha sido aprovechado por décadas y ello ha
traído como consecuencia un desconocimiento absoluto
de la mayor parte de la población sobre estos
temas. Se deben crear nuevos niveles de acceso para
la comunidad hacia estas disciplinas, especialmente
en los aspectos técnicos relacionados con la
extracción, conservación, preservación,
etc.
El
éxito de cualquier intento por proteger el patrimonio
paleontológico y arqueológico en definitiva
va a depender del grado de valorización que la
comunidad posea del mismo, así como del desarrollo
de su sentido pertenencia, y es probable, tanto como
necesario, que ello se promueva a partir de los museos
de carácter regional, por cuanto estos pueden
constituirse en ámbitos propicios para el desarrollo
de actividades paleontológicas y arqueológicas
abarcando toda la extensión del país y
poseen una íntima relación con la gente. |